Concierto
Cuando se piensa en un Concierto de Rock, la mayoría de las veces imaginamos hombres rudos golpeándose, gritos que ensordecen y obviamente, música al máximo del volumen. Luego de este fin de semana, esa percepción que mantenía de dichos shows, cambió completamente.
Bajo un calor horrible, al momento de presenciar una de tus bandas favoritas, aquel descontrol genera sensaciones que no se experimentan muchas veces. Con el deseo de gritar más de lo que la voz pueda soportar, de saltar como idiota, y en esos temas especiales, sentir la piel que se pone de gallina, sin duda es algo maravilloso. Sin embargo, también se sufre, y mucho. Dependiendo del espectáculo, llegar a ser desagradable el poco espacio que se puede utilizar. Y lo jocoso es eso, el “apretamiento” que surje.
Un montón de machos empujándote, golpeando lo que pase por delante, y para que sea más incómodo, transpirando a más no poder, y sin polera. Con todo esto concluí, que ir a un concierto de Rock, es una experiencia bastante homosexual (sin utilizar la palabra peyorativamente, sólo comentando el roce que se genera entre hombre y hombre). Si eres mujer, que no es mi caso, dudo que sea algo muy cómodo tampoco, pero no me puedo poner en su lugar.
Bastante fome la palabra de hoy, pero creo que algo de razón tengo.
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